El Arte de la Espera

El que espera desespera dice el popular dicho. La realidad es que vivimos en una eterna espera desde la niñez hasta cuando llegamos a adultos. Unas esperas son más largas que otras y unas más dolorosas.

La pregunta es, ¿qué nos mueve a vivir una vida de espera? O mejor aún, ¿qué te mueve a vivir una vida de espera?  Esperar no tiene nada malo si sabes esperar con la paz y el dominio propio que se requiere. Quizás puedas compartir conmigo aquello que te mantiene esperando o qué se te ha cumplido. Mientras, te voy a contar algunas cosas por las que esperé, no las compartiré todas, porque no terminaríamos en esta pequeña entrada de hoy. Quizás pueda expandir este tema contigo más adelante.

Mi espera no comenzó en mis años de niña, aunque siempre había cosas por las que esperar. Los juguetes que pedimos con la esperanza que Santa Claus o los Reyes no se olviden son ejemplos de la espera de los corazones inocentes que no viven con la gravedad de las responsabilidades que experimentamos los adultos. Era una adolescente cuando comencé a sentir que el tiempo corría rápidamente y yo no podía sostener el paso. Tenía unos 17 años cuando sentí por vez primera la gravedad de tener un trabajo estable que me ayudara a sufragar los gastos cotidianos y me proveyera la oportunidad de tener mi propio apartamento. Las razones para esa época eran muy válidas pese a la edad y es la historia de mi primer libro.

Estudié técnica de electrónica digital y comencé a trabajar en una fábrica que reparaba productos electrónicos. A veces no sabemos lo que deseamos hasta que te encuentras con el deseo cumplido. Este es un gran ejemplo. Solo siete meses después esperaba que me llegara la oportunidad de salir de ese horrible trabajo que me mantenía encerrada en un edificio todo el día. Lastimándome la espalda me reporté a la Agencia del Fondo del Seguro del Estado. Lo de Estado no lo entiendo porque soy puertorriqueña, la estadidad está por verse. Bueno, no entremos en política o este tema de la espera se convertirá en un sal pa’ fuera.  Sin encontrar mejoría a la condición que me afectaba en esa época me mantuve dos largos y tristes años en la casa de mis padres.  Ingresé a la Universidad de Puerto Rico, pero no podía cargar mis libros, así que desistí por un poco más de tiempo. No hay espera más lenta que el esperar para mejorar tu salud. Puedo decirlo con autoridad porque he experimentado esta espera varias veces. La impaciencia te conduce al agotamiento físico y emocional, lo que puede preceder a una enfermedad. De la impaciencia puede surgir la irritabilidad, la depresión y desequilibrio en la presión arterial. La gratificación instantánea es un mal de nuestra sociedad, esa no nos enseña a mantener los retos que nos hemos trazado con estabilidad emocional.

Esperar, desear y luchar por lo que quieres es válido. Yo sigo esperando por cosas nuevas cada día. Lo importante es no desesperarte porque ahí está la clave que te mantendrá en calma y con la mente clara. Tomamos decisiones basadas en la razón de la última espera que libramos y en ocasiones esas decisiones no son las más acertadas. No dejes que la impaciencia, la desidia o el aburrimiento corrompa tu entendimiento. Recuerda que ser paciente es una virtud que podrás cultivar solo con la espera. Poder saborear lo que conseguiste pacientemente es una señal de victoria. Muestra que dominas tu carácter y tu proceder. Es una señal de madurez emocional que te ayudará a tu salud física. Demuestra que eres valiente y enfrentas los obstáculos con la calma y la inteligencia que requieren.

No dejes de esperar por lo que quieres, por lo que amas y te apasiona. Tener sueños, metas y deseos de conquistar nuevos retos te mantienen con ganas de vivir y te hacen feliz. Esto lo sé muy bien. Apenas después de una larga vida de espera y triunfos yo comencé a escribir, era mi sueño, y ahora es una realidad.  Eclesiastés 3: 1-15

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