Quizás fue mi culpa

Hoy me siento aquí con una copa de vino a pensar en el pasado que fue en esencia nuestro destino. Así es la vida y no hay que cuestionarla. Las decisiones del pasado nos persiguen y no es en vano lo que dejamos a un lado.

Fue todo un aprendizaje de vida que lamentamos haya llegado con tanta fatiga. En los recuerdos del ayer todavía yo puedo ver el amor con el que siempre desempeñaste tu papel de padre y esposo amoroso. Quizás fue la ignorancia o es el deseo de encontrar a quien poder culpar. Hoy no importa ya, el resultado sigue siendo el mismo.

La reestructuración de la familia dejo huellas en los hijos. Igual nos afectó cuando descubrimos más tarde que fueron terribles desatinos. La relación no llegó con un manual, ni tampoco con un compás para ayudarnos a seguir la dirección que debimos tomar. Si hubiera sido tan fácil quizás estas líneas otro color mostrarían en vez de gris y sombrío, así es como se siente el corazón mío cuando comienzo a recordar.

Vale recalcar que de los once años todavía queda la semilla que germinó en los seres que más amamos, ellas se multiplicaron para darnos aún más consuelo de lo que fue solo un anhelo. Le agradezco a la vida las experiencias vividas y la oportunidad que nos brindaste cuando del suelo dónde nacimos nos sacaste a conocer el extranjero.

Hoy lo más posible es que a ti te debemos muchos de nuestros logros. Nunca me cansaré de reconocer el papel que desempeñaste y las metas que alcanzaste mientras nos brindabas un futuro sólido. Tú iniciaste la marcha de nuestras vidas a la oportunidad prometida en la tierra dónde nos plantaste. Siento regocijo al pensar que a nuestro lado todavía estás y que compartimos él cuidando de los retoños que tanto amamos.

Creceremos y nos haremos viejos cuidando a nuestros nietos. Viviremos con los lindos recuerdos que labramos un día y quedaron en la memoria de nuestros hijos. Gracias por tu amor y tu apoyo incondicional con el que todavía puedo contar. Eres parte importante de mi vida y aunque seguido no te lo diga sé que sabes que vivo con pesar pero más aún con un infinito agradecimiento.

Que Dios siempre guarde las memorias que en un tiempo forjamos como familia en un suelo que muchos solo conocen por cuentos. Mis hijos son vivo ejemplo del honor con el que serviste a tu patria y a tu bandera. Ellos hoy son quienes son porque de ti heredaron la esencia de servir a su país y a la ciudad que los ha visto crecer en hombres de bien. Estamos orgullosos de tus logros desde siempre hasta el fin de nuestra existencia.

Deseamos que continúes con nosotros por años venideros con salud y con las ganas de ver la familia crecer. Hoy entiendo que el destino se forjó con dolor y a pesar de las complicaciones todos salimos triunfantes de los embates que nos esperaban al llegar a esta ciudad. Hoy nuestro nombre es de honra y los que conocen nuestra historia son amigos que nunca se alejan.

Lo logramos, aunque no estemos juntos tampoco estamos totalmente separados. El cariño es un lazo que unió nuestras vidas y los embates solo fueron parte de lecciones aprendidas. Seguimos en comunicación deseándonos a cada uno lo mejor y disfrutando nuestra familia.

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