El Perdón: ¿Cómo puedo sanar mi corazón?

“Cuando me derrumbo, una mejor versión de mí surge de las ruinas”

Anónimo

Quizás hoy te encuentras navegando las aguas violentas e inciertas del rencor y el resentimiento. La falta de perdón es un reflejo directo de ese sentimiento.
 
Es posible vivir una vida llena de ese horrible sentimiento y en ocasiones no lograr desprenderse de él. Muchos hemos sido víctimas de críticas, ofensas y afrentas, puede que hayamos sido nosotros los agresores alguna vez. La diferencia está en cómo podemos justificar fácilmente un lapso de juicio propio, pero no él de los demás.
 
Es importante enfatizar que las palabras groseras, acciones violentas u otro método visible que lastimen no son las únicas herramientas usadas. Una mirada endurecida o un ademán pueden causar el mismo efecto. De igual manera lo hacemos cuando evitamos el contacto prolongado con la persona a quien deseamos herir.
 
No tomamos en cuenta las razones que condujeron al agresor a reaccionar con hostilidad. No estoy defendiendo la violencia o la grosería. Pero en mi vida he aprendido a mirar las situaciones con objetividad antes de juzgar. Evaluar la crianza, y las experiencias de nuestros agresores nos ayudarán a entender como sus vivencias han afectado como se desenvuelven ante la sociedad.

Anteriormente he hablado de los dolores que llevamos en el corazón. Evaluando mis propias luchas aprendí que todos llevamos secretos, dolores y tristezas que moldean nuestro carácter. Al no evaluar las razones a través de los lentes del amor nos será fácil apuntar los errores de otros sin vacilación. Deberíamos aplicar la misericordia. La misma misericordia que extiende el Señor a nosotros cada vez que cometemos un error. Recuerda que no podemos pedir ser perdonados cuando en nuestro corazón no existe el perdón hacia el prójimo. Eso es altivez. ¿Somos acaso mejor que Dios? Sentimos que es humillante perdonar.

Porque Jehová es excelso, y atiendo al humilde, Más al altivo mira de lejos. Salmos 18:6

Si no conoces todos los detalles de la vida de tu agresor, si te es desconocida su niñez, su juventud o el vacío que marcó su vida, no debes juzgarlo con dureza. La palabra de Dios dice que el amor cubre multitud de defectos. Si no ves tus semejantes en esta luz, tus opiniones estarán obscurecidas por tus propios razonamientos, vivencias, creencias, carencias y secretos que aquejan tu corazón.

 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Juan 4:20

Podría decirte que debes darle a tu agresor la oportunidad de defenderse, pero lamentablemente hay secretos del alma que no se comparten fácilmente. Una persona dañada por las circunstancias de su niñez puede vivir una vida llena de errores. Los desatinos, la falta de organización, estabilidad emocional o económica pueden ser un reflejo de nuestra salud espiritual. Es difícil para alguien que ha sido abusado, maltratado, humillado o golpeado físicamente confesar estas heridas. En ocasiones nos es difícil entender nuestras propias acciones o los motivos que nos impulsan a conducirnos de una manera errónea.
 
¿Cuándo debo dar o pedir perdón?
 

A menudo este (break through); la oportunidad, el deseo o la necesidad de perdonar llega tarde. Visualiza tu oportunidad frente al lecho de muerte de aquel que fue importante para ti. Quizás todavía lo es, pero no sabes, no puedes o no quieres limar las asperezas, sacar las espinas y reconciliar los sentimientos que una vez los unieron. Espero que mientras leas estas líneas que te escribo aquí… Si a ti que estás leyendo, llegue a tu corazón el deseo de la reconciliación. No hay casualidades en el Señor, él tiene un propósito en todas las etapas de tu vida. El que hayas decidido leer esta entrada en mi blog, por cualquiera que sea la razón, no es más que una cita divina.

 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Eclesiastés 3:1

Quizás este es su tiempo. Puede que ya hayan aprendido lo necesario de esa situación y el día del perdón y la reconciliación ha llegado. ¡Aleluya!

 ¿Cómo llegará el perdón?

 Perdonar es una decisión. Ah sí, suena ilógico. Esto me tomó tiempo entenderlo. No podemos cambiar el corazón, la mente, los sentimientos y las acciones de otros.  La buena nueva es que mientras, podemos enfocarnos en cambiar las nuestras. Da tu primer paso hoy. Resuelve en tu corazón que aquello que te hizo daño ya no tiene control sobre tu vida y tus emociones. Deja ir ese rencor, deposítalo en los hombros de Jesús. Las emociones pueden llevarte a un remolino de malos pensamientos y deterioro de tu salud física. Toma bajo control tus emociones antes que ellas tomen control de ti. No dejes que sea tarde o vivirás una vida llena de remordimientos. El perdonar no te garantiza la reconciliación. Tranquilo(a) eso no está en tus manos. Cree que Dios está trabajando en ese asunto y que en su tiempo Él lo hará todo perfecto.
 
¿Qué hago si yo necesito ser perdonado?

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente. Josué 1:9 

No temas, ni titubees. Pide perdón. ¿Sabes algo? No necesitas ser el culpable del malentendido para pedir perdón. En una relación quebrada existen múltiples razones. Puede que las razones que llevaron a esta ruptura son compartidas. No importa. Si en tu corazón está el deseo de la reconciliación debes dar el primer paso. Te aseguro que tu recompensa llegará. Porque Dios es justo, ¡siempre!

Recuerda esto como amonestación y no como intimidación:

¿Él dijo Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues: dura cosa te es dar coses contra el aguijón. Hechos 9:5

¿Cuántas veces te ha llamado el Señor al arrepentimiento? Él usa varios métodos, solo hay que prestar oído. Es muy fácil. Medita en el Señor y deja que hable a tu espíritu. Sabrás que Él te habló cuando las instrucciones son claras y en ellas encuentras paz y sientas gozo. El Señor habla de varias maneras, a través de la palabra, a tu espíritu, mediante un profeta. Este es mi testimonio. Sé que Él habla porque le he oído en diversas formas. No resistas la voz del Espíritu.

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Juan 10:27
 

Te deseo que sanen tus heridas, que puedas perdonar y ser perdonado. Que tu vida sea rica y abundante, sobre todo en los menesteres del corazón

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