No me des consejos

Te recuerdo con mucho cariño abuelito.

Todavía recuerdo cuanto me molestaba que me dieran consejos cuando era apenas una muchacha con muchas ganas, pero falta de conocimientos. No era ignorancia más bien prudencia que no ejercía cuando tomaba decisiones fuera del tiempo propicio. Tampoco era osadía porque a nadie le llevaba la contraria, más bien no preguntaba porque no me gustaba seguir ideas que no eran las mías.

Alguna vez recuerdo a mi abuelo querer exponer sus puntos para que yo los siguiera, pero los rechacé antes de que los terminara por concreto. Cuanto lo siento ahora mi querido abuelo. Me dejaron por incorregible y aunque batallé nunca me quedé sin empuje y ganas de sobresalir en lo que me propuse. Dice el refrán que nadie escarmienta por cabeza ajena.

Cada uno debe vivir sus propias penas y obtener sus propias victorias después de pasar dolores de cabeza. Lo bueno es que ahora no puedo decir que me equivoqué por culpa de malas recomendaciones. Tomé decisiones y sufrí en el camino, pero esas acciones me llevaron hasta este suelo donde ahora vivo. Estudié en la Universidad de mí país, Puerto Rico, y viví ricas experiencias. Aprendí a desenvolverme en la sociedad y a desarrollar ideas que me han guiado hasta este día.

Por esta forma de ser me arriesgué a entrar en la profesión que ejerzo por más de veinte años sin apenas hablar el idioma. Podía entenderlo mejor si era por escrito. Antes de comenzar en Bienes Raíces recuerdo que redacté mi resumé en inglés. Una amiga y compañera de trabajo me dijo que no estaba bien. ¿Qué le debo arreglar?, le pregunté. Pero ella no me supo contestar. Yo envié la aplicación junto con aquel pobre resumé que quizá fue tirado a la basura. Quería entrar a trabajar en el periódico local, sí, en el pueblo donde vivo con el idioma que todavía no domino por completo.

Valentía y sueños jamás han estado escasos en mi cabeza llena de ideas. Yo no nací para trabajar en ventas “retail” al por menor para una compañía y eso lo sabía muy bien. Me acaba de decir mi esposo este día que no me gustan las estructuras y me parece que tiene toda la razón. Yo pensaba que no me gustaban los compromisos y por eso detestaba horarios de trabajo fijos. Creo que hasta ahora entiendo mi forma de actuar. Tanto es así que contando con clientela mayormente hispana las citas de trabajos las hago sabiendo que probablemente ellos llegarán tarde. Yo he aprendido a ser muy responsable con mis negocios, pero conozco de dónde vienen mis clientes y los entiendo muy bien.

Bueno al tema, no obteniendo el trabajo en el periódico me fui de vacaciones de esa compañía y jamás volví. Al poco tiempo abrí mi propio negocio donde vendía de todo un poco, ahí tampoco duré mucho porque tenía la mirada puesta en algo más provechoso. Mis metas eran más grandes que las habilidades que en ese momento poseía. Por azares del destino mediante una compra y venta de un vehículo de recreación conocí a mi primer bróker. Su esposa al conocerme me invitó rápidamente a ser parte de su compañía.

Comencé con las clases y estudié sabiendo que tenía una desventaja. Jamás fallé en algún examen, ni aún en los exámenes del estado para obtener licencia de “Affiliate Broker”. Es la licencia para vender bajo una compañía independiente. Lloré aquel día cuando me dijeron que pasé las dos partes de las que consistía el largo y complicado examen de opciones múltiples. Unos años después obtuve mi licencia como Bróker (con esa licencia puedo abrir mi propia compañía), pero no lo haré porque luego no me sobraría tiempo para contarles estas historias. Ese examen lo tomé de noche y no le dije a nadie que lo tomaría en caso de que no lo pasara.

Creo que el deseo de sobresalir se ve reflejado en no dejarle ver a otros que he fallado en algún proyecto, espero que no sea baja estima ni mucho menos orgullo. Puedo testificar que querer es poder y que no debes ponerles límites a tus sueños. Veintiún años después he sido reconocida como una hispana sobresaliente en el pueblo donde vivo junto a mi esposo, mis lindos hijos y nietos a quienes adoro.

Es muy gracioso ver ahora mi carácter en mis hijos. Quisiera ahorrarles el trabajo que yo pasé, pero a ellos tampoco les parece recibir consejos ajenos. Piensan quizás que mi época pasó, probablemente eso fue lo que pensé yo cuando no quise escuchar a mi abuelo.

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