El dolor que produce frutos

Cuando el dolor no cambia la pureza de tu corazón produce resultados extraordinarios. El dolor es como el buen fertilizante. Él cuenta con el balance de vitaminas y minerales necesarios para producir frutos aun cuando plantas en tierras áridas.

Quizás la cosecha no llegue en la primavera ni tampoco en el otoño, pero con suerte llegará en el invierno cuando nadie la espera.

El dolor que guarda dentro de sí el amor a la posibilidad de una reconciliación cambia el corazón ajeno. No dejes de regarlo o sacar las yerbas que crecen alrededor. Ellas quieren ahogar la cosecha que ya está por germinar.

Saca los abrojos con cuidado no sea que con ellos lastimes lo lindo de aquello que has plantado. Regocíjate cuando veas la semilla brotar, ella mira hacia arriba de dónde proviene la vida. Alza tus ojos a la misma dirección y dale gracias al creador que restauró y una vez más unió en amor a tu linda familia.

Es que todo aquel que espera tendrá su recompensa. Enhorabuena, llegarán las alegrías para enjugar tus lágrimas. Obtendrás la recompensa que un día esperaste con calma.

Porque todo tiene un tiempo debajo del sol. Y todo en su tiempo el Señor lo hace perfecto.

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