EL TIEMPO, TRAIDOR DE LOS SUEÑOS INCUMPLIDOS

Cuando niños queremos ser jóvenes, cuando jóvenes queremos ser adultos. ¿Como terminamos de entender tales asuntos?

Nuestro presente es un regalo que no valoramos. En invierno echaremos de menos los brillantes días soleados del verano y en verano echaremos de menos la nieve. También echaremos de menos este momento.

Así, vemos pasar el tiempo mientras no obtenemos lo que deseamos. Sacrificamos a los que se quedaron a nuestro lado porque nos sumergimos en el dolor esperando que se cumpla el sueño irrealizable. Anhelamos lo que está por venir. ¿Qué sorpresas nos traerá? No lo sabemos, pero queremos explorar las infinitas posibilidades. Lo desconocido nos llama con un aura de misterio.

Estamos a la expectativa, deseamos que lo que está por acontecer sea tan bueno como en los viejos tiempos. No valoramos el presente; ya lo poseemos. Simplemente no es tan grandioso como imaginamos el futuro y recordamos el pasado.

Este pensamiento nace cuando el tiempo nos ha quitado las infinitas posibilidades con las que contábamos en nuestra juventud.

Oh, tiempo, un traidor que nos dejó sin cumplir nuestras ambiciones. Si tan solo hubiera sabido entonces, habría saboreado cada momento de cada día como cuando era pequeña y no contaba los días.