Un 6 de diciembre

Cada año cuando celebramos el cumpleaños de nuestro hijo más pequeño nos acordamos de tu partida. Lloramos de tristeza pensando en ti y nos regocijamos de su vida. Recuerdo que lo amaste como si fuera tu propio nieto. Es que la misma sangre no fue necesaria cuando el amor sobraba.

Gracias por las palabras que sobre mi hijo dejaste en esta tierra, (Él es chiquito pero fuerte. Él no se caerá. Déjenlo que corra que sus piernas lo sostendrán). Las palabras son vida y siempre muy efectivas.

Hoy él ha logrado sueños que ha todos nos hacen orgullosos. Gracias por las declaraciones sobre su futuro. Aunque en aquel momento de seguro no lo pensaste. Para el en este mundo incierto dejaste bendiciones que lo acompañan donde quiera que él vaya.

Tú te sentirías orgulloso de ver sus logros. El hoy tiene una familia y te ha dado dos bisnietos. Me parece verte jugar con ellos como lo hiciste con él y su hermano mayor. ¡Como te recordamos!

Celebramos su cumpleaños y recordamos el día de tu partida. Te extrañamos siempre padre querido. Regocíjate con nosotros mientras nos esperas en la otra vida.