Amor, fe y paciencia

Fue mejor que no te conocí. Que no te amé en esa época. Te hubiese roto el corazón y nunca estarías tan cerca como lo estás ahora. Porque no confío ni en mí mismo, porque todo lo que toco lo rompo. Porque aún no me pintas como soy, ahora que nunca te decepcioné y pegada a la piedra te mantuviste en espera de lo que somos ahora.

Porque te lo mereces. Por haberme mantenido fuera de tu existencia para que tu lienzo afirme tu misterio y la mística de no haber sido otra ilusión que se desvaneció.

Pasados los años te das cuenta de que hubo amores que no florecieron cuando lo esperabas porque aún no llegaba el otoño o simplemente no era su tiempo. Todos crecimos con un sentimiento dentro de nuestro ser del amor que pudo ser y no fue. De los sueños que quedaron dormidos con el tiempo pero que jamás se desvanecieron. Las cuitas del alma escogen la música que amerita la historia que un día se quedó incompleta pero que jamás le faltó la espera que vivió en el corazón de quien edita las historias de amor, de fe y de paciencia.

Quizás en todos está el recuerdo del gigante dormido que quiere resurgir con el rumor del amor que hace su aparecido al presente de tu vida, aunque sea detrás de una cámara, escondido o en el mundo de las redes del destino. En ti crece la expectativa de conocer qué fue de su vida, sus propios sueños o los que una vez compartieron.

La vida suele darnos la oportunidad de entender si aquel amor debió haber sido o las razones del por qué no fue. Después de enterarnos de los pormenores y los sinsabores que pasaron en la vida de los que vivieron en nuestra mente podremos entender lo que una vez nos dolió a muchos y, a otros nos rompió el corazón. Pensamos en aquel entonces que perdimos la oportunidad del amor perfecto, pero pronto despertamos a la realidad que atesoramos en nuestra mente como la fantasía de un cuento.

Aprende de las lecciones reveladas en este tiempo, que todos los mortales somos imperfectos. Aquello que pudo ser y no fue tenía razones escondidas y que aquel momento de dolor te libró de despertar antes de tiempo a una cruda realidad de vida.

Cuando medites en sus historias y sus tristezas que ahora compartió contigo entenderás que aquello no fue más que una ilusión de esas que nos cautiva, pero no una realidad. Que no eres única en desdichas y sin sabores con momentos de alegría y dicha como le suele pasar a la mayor parte de los que conoces, aunque solo sea de oídas. Es la realidad y no hay manera de evitarla, no hay caminos cortos o sin abrojos que te lastimen los pies mientras das tus pasos por la vida. Por eso anímate y no desmayes que el sol sale para todos, aunque en las mañanas solo veas neblina.

Agárrate de la oportunidad de compartir tus sentimientos y las vivencias de los caminos paralelos que al fin encontraron un atajo que los llevó al reencuentro. Comparte la alegría y las tristezas que vivieron si el tiempo lo amerita, siendo prudente o conducente a una amistad que puede continuar por largo tiempo si el destino así lo quiere. Puede ser, quien sabe, la oportunidad que te regaló la vida para que revivas el amor que hasta entonces solo fue un ensueño. Quizás ese atajo lo dibujó el destino para que puedas cerrar ese capítulo de tu vida antes de que aquel te puede aclarar los hechos vuele fuera de esta vida hasta la eternidad que es una realidad para todos.


Da gracias por la oportunidad de sanar cualquier herida que no cicatrizó porque tu mente estaba confundida. Ella necesitaba el punto final que le dio aquella conversación al otro lado del auricular o en la pantalla que torna en claridad la confusión que dejó en tu mente la partida de aquella desdicha de amor.

Recuerdo haber leído en algún lugar este pensamiento: el amor que se libra del olvido es el amor que quedó insatisfecho.

¿Alguna vez enviaste o recibiste un mensaje tan profundo como este que te dejé de entrada?

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