The Little Red Car

In front of me, every time I sit down to write is a little red car that no one will ever drive. No other possession bigger or smaller warms my heart more than thinking about how the little car traveled home in my leather purse.

He gave me the little red car, maybe in the hope of seeing it again when he comes to visit grandma. We spent that day playing and laughing hard.

He is only eight, but he likes to challenge me by playing games or racing around in the yard. His beautiful eyes look at me with unconditional love. He is pure and innocent.

It warms my heart to know he feels so comfortable when I grab him in my arms. He always fights to get out of my embrace just because he is playful and full of energy.

I’m not sure why he keeps giving me toys to take home. Could it be a bond of collaboration or preparation for the days he comes over and stays?

I may not know the reason, but I’m sure of one thing, he loves to sit very close to “Abuela” so she can watch him play his video games. I love him so much; it’s so hard to explain the bond between us that is even stronger than the bond of blood.

I enjoy these moments when we can be together. Even when my grandson grows older, for me, he will always be the sweet little kid the Lord sends us to Love.

BE FAIR!

We can be guilty of hurting innocent people when we make them the target of our anger.

I was recently discussing this issue with a young mother in my family. I told her that youth brings with it the energy to engage in unnecessary rivalry and hatred.

Maybe, is the hormones in an uproar; who knows. In short, it won’t be until very late in life that they will realize how ridiculous it is to keep the flame of discord alive.

In the meantime, we are the targets of their ignorant confrontations that lack any shred of evidence about the reason to be mad.

May God help us because, with these conflicts, we affect not only the adults in our family but also innocent children.

Podemos ser culpables de herir a personas inocentes cuando las convertimos en el objeto de nuestra ira. Recientemente estuve discutiendo este tema con una joven madre de mi familia. Le dije que la juventud trae consigo la energía para participar en una rivalidad y odios innecesarios.

Tal vez, las hormonas están alborotadas; quién sabe. En resumen, no será hasta muy tarde en la vida que se darán cuenta de lo ridículo que es mantener viva la llama de la discordia.

Mientras tanto, somos el objeto de sus confrontaciones ignorantes que carecen de cualquier prueba sobre la razón para estar enojados.

Que Dios nos ayude porque, con estos conflictos, afectamos no solo a los adultos de nuestra familia sino también a niños inocentes.

Cómpreme un Papá

Me pregunto por qué tanto dilema con los bienes que dejan nuestros familiares. Nos adueñamos o intentamos quedarnos con nuestra parte y la de nuestros hermanos. Queremos agarrar todo lo que podemos. Hacemos de nuestra relación familiar un desastre del que quizás nunca podamos recuperarnos. Celos, envidias y contiendas son el motor de nuestras conversaciones. En realidad, una gran tristeza. Atrás quedaron las memorias de niños. Ya no se comparte en amor y con armonía.

Cuando éramos jóvenes no nos importaba la casa, la siembra o la quebrada. Solo nos dedicábamos a disfrutar lo que nuestros padres nos brindaban con gran sacrificio. Ellos querían darnos lo mejor durante nuestra infancia. Crecemos y hacemos nuestras vidas. Quizás ni los visitamos a menudo. ¿Qué nos mueve a olvidar que la herencia más importante es el carácter que ellos sembraron en nosotros?

Con esta forma de pensar me acabo de encontrar una bonita entrevista del hijo ilegítimo de José José; la verdad de su paternidad no está clara, pero el parecido físico sobra y el talento ni que hablar. Me haces recordar las vivencias propias en cuestiones de lo que a la herencia se trata. Cuando el joven Brayan Fanier estaba chico le preguntaba a su mamá porque no tenía papá, y cuando vendría él a verlo. En ocasiones le decía a su mamá: ¡cómpreme un papá! Cuando oí eso en la entrevista se me quebró el corazón.

Los recuerdos de mi niñez fueron un tanto similar. Conocí mi papá alrededor de los doce años y aún vive en mi memoria el día que llego a conocerme. Él vivía al otro lado de la isla, alrededor de cuatro horas para aquel tiempo. Quizás un poco menos ahora con el adelanto de las autopistas. Ese día me encontraba en el techo de la casa pintando el pretil. En mi país se suele pintar en colores brillantes.

Estaba con un vecino quien era mayor que yo. Él era el pintor, yo estaba allí porque siempre me ha gustado pintar, aunque sea con brocha ancha. Cuando vi aquel auto grande subir hasta el llano grité, ese es mi papá. Como lo supe ha quedado como un misterio, pero el corazón no me mintió.

Este joven del que estoy hablando usa como nombre artístico de Manuel José. Él es sencillo, humilde y muy sensible. Dios también le dio la oportunidad de conocer al famoso cantante, José José, su supuesto papá. Esos videos de ellos juntos son llenos de amor. El amor es palpable en ambos, pero me conmueve la cara de este joven que ahora cuenta con 27 años más o menos. Me duele porque me hace recordar mi vida. Este tema me toca de cerca.

Este muchacho Manuel José es amado por el público. Él no quiere el apellido del famoso cantante José José pues está orgulloso de llevar el de su madre. Tampoco quiere herencia material porque la herencia más grande es su voz. Me encanta la parte de la entrevista en la que dice “Yo nací con la herencia.” Él definitivamente tiene una voz privilegiada y sumamente parecida al príncipe de la canción José José.

Debemos recordar que hay cosas que son más grandes que los bienes materiales. Hay herencias que las llevamos en nuestra forma de vivir y de compartir con nuestros semejantes. Otras se manifiestan en dones como en el caso de este joven. Su voz, su carisma, sus gestos, su sonrisa y un gran parecido físico al artista y a su abuelo paterno como lo dijo el mismo cantante antes de morir son dignos de enfatizar.

Algo muy lindo que puede observar en uno de los videos es las palabras de bendición que le dio al muchacho. Él pensaba que era su hijo antes de una prueba de ADN que resulto negativa. Sobre la prueba hay dudas, pero eso ahora no importa. Lo que importa es que el joven llego a conocerlo y su supuesto padre lo bendijo antes de partir. Algo que procure recibir de mi padre antes de partir fue la bendición, esa nadie me la puede quitar.

La bendición de un padre es tan importante que Jacob le robo la bendición a Esaú (Génesis 27) Este joven se quedó con algo sumamente importante y nadie se la podrá quitar. Él sigue abriendo camino a pasos agigantados. Gracias Jesús porque por ti somos coherederos de las bendiciones de nuestro Creador. Por ti Jesús tenemos la más grande herencia al llamarnos hijos de Dios. Nadie nos puede quitar lo que tú nos das. ¡Te adoramos!

Soplo de Vida

Es emocionante saber que pronto has de llegar a nuestra familia. Apenas te estás formando y ya me siento con deseos de tenerte en mis brazos. Me imagino acurrucarte y sentir tu calor mi pequeña bebé. Ya pasamos el primer susto, como me recuerdas a tu padre cuando estaba en mi vientre. 

Sé que pronto vas a llegar y juntas vamos a celebrar el otoño de una forma muy especial. Ya eres una hermosa niña en mi mente. Quisiera saber a quién te parecerás a tu mami o a tu papá. Lo más importante es que llegues saludable y pronto podamos abrazarte. Te amamos y juntos nos preparamos para recibirte.

Crece fuerte y saludable, esperaremos con amor y mucha paciencia a que te aparezcas en el tiempo pactado. No hay prisa mi amor, estamos contentos de esperarte con una gran ilusión. Yo soy tu abuela paterna. Espero vivir muchos años y verte crecer. Ya no tengo la misma fuerza que cuando nació tu primera hermanita, pero la pido a Dios que podamos crear memorias juntas para que nunca me olvides.

Quiero que sepas que tu abuela te ama y que te bendice con larga vida, salud y triunfos. Kagan, este año cambiarás de nuevo nuestra vida, hermosa mía. Te esperamos con ansias chiquita. Dios te bendiga.

Abuela

El más grande honor que he podido recibir sale de los labios de seres tan maravillosos como mis nietos. Unos llevan en su sangre la mezcla de la raza latina por sus padres. Pero hay dos que llegaron por bendiciones que me ha dado la vida. Ellos también me dicen abuela con un acento tan hermoso como lo son ellos.

Me miran con tanto amor que derriten con sus lindos ojos mi corazón. Los amo a todos más según pasa el tiempo. Si es que eso es posible. Me honran cuando los traen de visita. Han estado mencionando a su abuela todo el día, me dicen sus padres. Hoy hemos estado jugando y compartiendo los eventos de la vida entre risas y planes para el futuro.

Cuando se van la casa queda impregnada de su olor. Se pueden ver las cosas que sacaron de su lugar y los platos que dejaron sobre la mesa del comedor. Como me gusta verlos compartir juntos en la mesa mientras degustan lo que encontraron en la alacena. Las huellas en el espejo declaran que en esta casa han estado los nietos más pequeños. Quisiera dejarlas y no limpiarlas porque ellas llenan toda mi alma.

No hay nada que me haga sentir más completa que tenerlos cerca y besar sus caritas mientras los atrapo en un abrazo. Son la extensión de mis dos hijos a quienes amo con todas mis ganas. La mayor está a punto de ser una adolescente mientras los dos más pequeños a penas están echando sus dientes. El segundo es un galán, con un corazón sin igual a jovencitos de su edad.

Me dan un soplo de vida cada vez que a mí se aproximan, me abrazan y me dan un beso en la mejilla. Abuela suena dulce como la miel en los labios de los más lindos nietos que a podido darme el universo.

HOY HUELE A COMINO

Me parece ver a mi abuela moliendo el comino con una botella de vidrio en la cocina de madera pegada a la casa que ya solo existe en mi memoria. Lo tostaba en la sartén, abría una bolsa de papel y se acomodaba en el piso para pasarle la botella por encima.

El aroma era peculiar y aún lo recuerdo con mucho cariño. Si bien nunca he tostado comino como mi abuelita siempre tengo en mi cocina. El comino tiene un sabor y un aroma distintivo y me recuerda los años de mi niñez que tanto añoro.

Mi abuelita era delgadita y ágil en sus pies. Ella trabajaba la finca con mi abuelo como si fuera otro obrero. Ellos siempre tenían una hoguera prendida para sacar carbón. Ese distintivo olor apenas lo recuerdo, pero no quedó en el olvido.

Lavaba la ropa en la quebrada mientras nosotros jugábamos brincando por las piedras y luego nos cocinaba un delicioso almuerzo que revivía hasta los muertos. No sé de dónde sacaba tanta fortaleza, lo cierto es nos dejó a todos su ejemplo.

Ella era huérfana y siempre le toco ganarse la vida. Debe ser por eso que trabajo incansablemente mientras criaba a mis tíos y a mi mamá que es la mayor.

Ahora pienso en su mirada siempre un tanto triste. Quizas por la soledad que vivió al no tener a su mamá y el nunca haber tenido una muñeca. Recuerdo que una vez le envié una después de irme al extranjero.

La casa quedo vacía y jamás volví a ella desde que partiste y dejaste solo al abuelo. Él tampoco pudo con la soledad y se fue a buscarte al cielo. Todavía veo la foto de la casa y me duele el corazón cuando fluyen recuerdos de las visitas que tanto disfrutábamos en familia.

Mi mejor confidente ella se llevó algo que le confesé sin jamás compartirlo con mi mamá. Cómplices hermosas son las abuelas que nos dan consejos mientras nos esconden los secretos. Me veo reflejada en el amor incondicional que siempre me brindó ahora que tengo mis propios nietos.

Gracias abuelita, guardo de ti y de mi abuelo los más lindos recuerdos. Se que trabajaste duro en la vida y que lo hiciste con amor. Un día cuando llegue la hora del rapto te reunirás con tu mamá que tanta falta te hizo.

Mis nietos me llaman abuela tal como te llamaba yo con amor. Hoy me parece sentir el olor a comino salir de la cocina de madera que tanto me recuerda a mi abuela Monina mientras preparo mi propia cena.

NUESTRO PEQUEÑ0

“Nada dura para siempre” , decimos a menudo cuando estamos bajo estrés. Me alegro de que sea cierto incluso cuando la frase suena como un cliché.

¿Habrías imaginado que la difícil situación se convertiría en una bendición cuando las lágrimas cubrieron tus ojos y estuviste a punto de perder la razón?

Pensamientos de confusión, sentimientos de tristeza y profunda depresión sustituyeron a la celebración. Ya era doloroso; no era necesario avivar las llamas. Se hizo casi insoportable.

Noches de dolor y muchas oraciones nos dieron la esperanza de un resultado victorioso. Un alma tierna abre los ojos al sol por primera vez, pero era demasiado fuerte su esplendor.

Me alegro de que hoy seas fuerte, tu rostro ahora está cubierto por una sonrisa ya no hay señales de dolor. Alabo a Dios porque la frase no es solo un cliché sino que este año se se convirtió en nuestra realidad.

Pronto celebraremos el día en que viniste a este mundo para completar nuestra familia. Te quiero más cada día. Te pareces a tu padre y a tu abuelo cuando tenían tu edad, aunque tu pelo es rojizo. Sigue creciendo sano, pequeño, lo mejor de ti está por venir.

Vigilaremos cada paso que des y te cubriremos con un manto de amor y oraciones que durarán para la eternidad. Te queremos con todo nuestro corazón.

Eres una prueba de que las promesas de Dios son sí y amén. El Señor convierte nuestra tristeza en danza y nuestra prueba en triunfo.

Quizás fue mi culpa

Hoy me siento aquí con una copa de vino a pensar en el pasado que fue en esencia nuestro destino. Así es la vida y no hay que cuestionarla. Las decisiones del pasado nos persiguen y no es en vano lo que dejamos a un lado.

Fue todo un aprendizaje de vida que lamentamos haya llegado con tanta fatiga. En los recuerdos del ayer todavía yo puedo ver el amor con el que siempre desempeñaste tu papel de padre y esposo amoroso. Quizás fue la ignorancia o es el deseo de encontrar a quien poder culpar. Hoy no importa ya, el resultado sigue siendo el mismo.

La reestructuración de la familia dejo huellas en los hijos. Igual nos afectó cuando descubrimos más tarde que fueron terribles desatinos. La relación no llegó con un manual, ni tampoco con un compás para ayudarnos a seguir la dirección que debimos tomar. Si hubiera sido tan fácil quizás estas líneas otro color mostrarían en vez de gris y sombrío, así es como se siente el corazón mío cuando comienzo a recordar.

Vale recalcar que de los once años todavía queda la semilla que germinó en los seres que más amamos, ellas se multiplicaron para darnos aún más consuelo de lo que fue solo un anhelo. Le agradezco a la vida las experiencias vividas y la oportunidad que nos brindaste cuando del suelo dónde nacimos nos sacaste a conocer el extranjero.

Hoy lo más posible es que a ti te debemos muchos de nuestros logros. Nunca me cansaré de reconocer el papel que desempeñaste y las metas que alcanzaste mientras nos brindabas un futuro sólido. Tú iniciaste la marcha de nuestras vidas a la oportunidad prometida en la tierra dónde nos plantaste. Siento regocijo al pensar que a nuestro lado todavía estás y que compartimos él cuidando de los retoños que tanto amamos.

Creceremos y nos haremos viejos cuidando a nuestros nietos. Viviremos con los lindos recuerdos que labramos un día y quedaron en la memoria de nuestros hijos. Gracias por tu amor y tu apoyo incondicional con el que todavía puedo contar. Eres parte importante de mi vida y aunque seguido no te lo diga sé que sabes que vivo con pesar pero más aún con un infinito agradecimiento.

Que Dios siempre guarde las memorias que en un tiempo forjamos como familia en un suelo que muchos solo conocen por cuentos. Mis hijos son vivo ejemplo del honor con el que serviste a tu patria y a tu bandera. Ellos hoy son quienes son porque de ti heredaron la esencia de servir a su país y a la ciudad que los ha visto crecer en hombres de bien. Estamos orgullosos de tus logros desde siempre hasta el fin de nuestra existencia.

Deseamos que continúes con nosotros por años venideros con salud y con las ganas de ver la familia crecer. Hoy entiendo que el destino se forjó con dolor y a pesar de las complicaciones todos salimos triunfantes de los embates que nos esperaban al llegar a esta ciudad. Hoy nuestro nombre es de honra y los que conocen nuestra historia son amigos que nunca se alejan.

Lo logramos, aunque no estemos juntos tampoco estamos totalmente separados. El cariño es un lazo que unió nuestras vidas y los embates solo fueron parte de lecciones aprendidas. Seguimos en comunicación deseándonos a cada uno lo mejor y disfrutando nuestra familia.