Cómpreme un Papá

Me pregunto por qué tanto dilema con los bienes que dejan nuestros familiares. Nos adueñamos o intentamos quedarnos con nuestra parte y la de nuestros hermanos. Queremos agarrar todo lo que podemos. Hacemos de nuestra relación familiar un desastre del que quizás nunca podamos recuperarnos. Celos, envidias y contiendas son el motor de nuestras conversaciones. En realidad, una gran tristeza. Atrás quedaron las memorias de niños. Ya no se comparte en amor y con armonía.

Cuando éramos jóvenes no nos importaba la casa, la siembra o la quebrada. Solo nos dedicábamos a disfrutar lo que nuestros padres nos brindaban con gran sacrificio. Ellos querían darnos lo mejor durante nuestra infancia. Crecemos y hacemos nuestras vidas. Quizás ni los visitamos a menudo. ¿Qué nos mueve a olvidar que la herencia más importante es el carácter que ellos sembraron en nosotros?

Con esta forma de pensar me acabo de encontrar una bonita entrevista del hijo ilegítimo de José José; la verdad de su paternidad no está clara, pero el parecido físico sobra y el talento ni que hablar. Me haces recordar las vivencias propias en cuestiones de lo que a la herencia se trata. Cuando el joven Brayan Fanier estaba chico le preguntaba a su mamá porque no tenía papá, y cuando vendría él a verlo. En ocasiones le decía a su mamá: ¡cómpreme un papá! Cuando oí eso en la entrevista se me quebró el corazón.

Los recuerdos de mi niñez fueron un tanto similar. Conocí mi papá alrededor de los doce años y aún vive en mi memoria el día que llego a conocerme. Él vivía al otro lado de la isla, alrededor de cuatro horas para aquel tiempo. Quizás un poco menos ahora con el adelanto de las autopistas. Ese día me encontraba en el techo de la casa pintando el pretil. En mi país se suele pintar en colores brillantes.

Estaba con un vecino quien era mayor que yo. Él era el pintor, yo estaba allí porque siempre me ha gustado pintar, aunque sea con brocha ancha. Cuando vi aquel auto grande subir hasta el llano grité, ese es mi papá. Como lo supe ha quedado como un misterio, pero el corazón no me mintió.

Este joven del que estoy hablando usa como nombre artístico de Manuel José. Él es sencillo, humilde y muy sensible. Dios también le dio la oportunidad de conocer al famoso cantante, José José, su supuesto papá. Esos videos de ellos juntos son llenos de amor. El amor es palpable en ambos, pero me conmueve la cara de este joven que ahora cuenta con 27 años más o menos. Me duele porque me hace recordar mi vida. Este tema me toca de cerca.

Este muchacho Manuel José es amado por el público. Él no quiere el apellido del famoso cantante José José pues está orgulloso de llevar el de su madre. Tampoco quiere herencia material porque la herencia más grande es su voz. Me encanta la parte de la entrevista en la que dice “Yo nací con la herencia.” Él definitivamente tiene una voz privilegiada y sumamente parecida al príncipe de la canción José José.

Debemos recordar que hay cosas que son más grandes que los bienes materiales. Hay herencias que las llevamos en nuestra forma de vivir y de compartir con nuestros semejantes. Otras se manifiestan en dones como en el caso de este joven. Su voz, su carisma, sus gestos, su sonrisa y un gran parecido físico al artista y a su abuelo paterno como lo dijo el mismo cantante antes de morir son dignos de enfatizar.

Algo muy lindo que puede observar en uno de los videos es las palabras de bendición que le dio al muchacho. Él pensaba que era su hijo antes de una prueba de ADN que resulto negativa. Sobre la prueba hay dudas, pero eso ahora no importa. Lo que importa es que el joven llego a conocerlo y su supuesto padre lo bendijo antes de partir. Algo que procure recibir de mi padre antes de partir fue la bendición, esa nadie me la puede quitar.

La bendición de un padre es tan importante que Jacob le robo la bendición a Esaú (Génesis 27) Este joven se quedó con algo sumamente importante y nadie se la podrá quitar. Él sigue abriendo camino a pasos agigantados. Gracias Jesús porque por ti somos coherederos de las bendiciones de nuestro Creador. Por ti Jesús tenemos la más grande herencia al llamarnos hijos de Dios. Nadie nos puede quitar lo que tú nos das. ¡Te adoramos!