NUESTRO PEQUEÑ0

“Nada dura para siempre” , decimos a menudo cuando estamos bajo estrés. Me alegro de que sea cierto incluso cuando la frase suena como un cliché.

¿Habrías imaginado que la difícil situación se convertiría en una bendición cuando las lágrimas cubrieron tus ojos y estuviste a punto de perder la razón?

Pensamientos de confusión, sentimientos de tristeza y profunda depresión sustituyeron a la celebración. Ya era doloroso; no era necesario avivar las llamas. Se hizo casi insoportable.

Noches de dolor y muchas oraciones nos dieron la esperanza de un resultado victorioso. Un alma tierna abre los ojos al sol por primera vez, pero era demasiado fuerte su esplendor.

Me alegro de que hoy seas fuerte, tu rostro ahora está cubierto por una sonrisa ya no hay señales de dolor. Alabo a Dios porque la frase no es solo un cliché sino que este año se se convirtió en nuestra realidad.

Pronto celebraremos el día en que viniste a este mundo para completar nuestra familia. Te quiero más cada día. Te pareces a tu padre y a tu abuelo cuando tenían tu edad, aunque tu pelo es rojizo. Sigue creciendo sano, pequeño, lo mejor de ti está por venir.

Vigilaremos cada paso que des y te cubriremos con un manto de amor y oraciones que durarán para la eternidad. Te queremos con todo nuestro corazón.

Eres una prueba de que las promesas de Dios son sí y amén. El Señor convierte nuestra tristeza en danza y nuestra prueba en triunfo.