A ti Puerto Rico

Es temprano en la mañana, no se oye ningún ruido ni siquiera de los grillos del país donde vivo. Miro por la ventana y solo veo árboles secos, las hojas de las ramas todas ya se cayeron. La nostalgia invade mi alma mientras pienso en mi patria, mi pueblo, mi barrio y mi gente que despertaron como yo, pero en un suelo diferente.

Yo veo los relatos contundentes donde describen mis paisanos que viven la mejor vida gozándose los cerros, la llanura y las colinas del suelo de los boricuas. Siento un deseo inmenso de viajar y compartir la época Navideña que ya está para venir. Nada se compara con la forma peculiar que se celebra la Navidad en nuestra hermosa patria. En el campo o la ciudad parrandas no faltarán, en las casas de los vecinos se preparan para recibir la multitud con bombos y platillos.

Que no me aqueje la pena, ni la tristeza, tampoco el desconsuelo de no poder estar en el suelo donde crecí y muchos años compartí las tradiciones que a mi tanto me hacen falta. Mi mente vive soñando ver de nuevo el verdor de las lomas y oír el coquí cantar al son de los riachuelos mientras se preparan aguinaldos para en la noche salir a celebrar al compás de la guitarra, el güiro y el cuatro.

Déjame Señor que un día pueda mostrarles a mis hijos y a mis nietos las cuitas que con anhelo abrazan mi alma esta mañana donde hace un frío diferente al de mi pueblo en San Lorenzo. Nadie puede entender lo que se siente estar lejos a menos que también hayas nacido en la cuna bendecida donde nacimos los puertorriqueños.

A ti Puerto Rico te extraño especialmente este año donde me hubiera gustado con mi gente compartir. Aleja de este mundo las razones que nos separan y el virus que se vaya, para que podamos abrazarnos sin miedo a contagiarnos de esta maldita plaga.