HOY HUELE A COMINO

Me parece ver a mi abuela moliendo el comino con una botella de vidrio en la cocina de madera pegada a la casa que ya solo existe en mi memoria. Lo tostaba en la sartén, abría una bolsa de papel y se acomodaba en el piso para pasarle la botella por encima.

El aroma era peculiar y aún lo recuerdo con mucho cariño. Si bien nunca he tostado comino como mi abuelita siempre tengo en mi cocina. El comino tiene un sabor y un aroma distintivo y me recuerda los años de mi niñez que tanto añoro.

Mi abuelita era delgadita y ágil en sus pies. Ella trabajaba la finca con mi abuelo como si fuera otro obrero. Ellos siempre tenían una hoguera prendida para sacar carbón. Ese distintivo olor apenas lo recuerdo, pero no quedó en el olvido.

Lavaba la ropa en la quebrada mientras nosotros jugábamos brincando por las piedras y luego nos cocinaba un delicioso almuerzo que revivía hasta los muertos. No sé de dónde sacaba tanta fortaleza, lo cierto es nos dejó a todos su ejemplo.

Ella era huérfana y siempre le toco ganarse la vida. Debe ser por eso que trabajo incansablemente mientras criaba a mis tíos y a mi mamá que es la mayor.

Ahora pienso en su mirada siempre un tanto triste. Quizas por la soledad que vivió al no tener a su mamá y el nunca haber tenido una muñeca. Recuerdo que una vez le envié una después de irme al extranjero.

La casa quedo vacía y jamás volví a ella desde que partiste y dejaste solo al abuelo. Él tampoco pudo con la soledad y se fue a buscarte al cielo. Todavía veo la foto de la casa y me duele el corazón cuando fluyen recuerdos de las visitas que tanto disfrutábamos en familia.

Mi mejor confidente ella se llevó algo que le confesé sin jamás compartirlo con mi mamá. Cómplices hermosas son las abuelas que nos dan consejos mientras nos esconden los secretos. Me veo reflejada en el amor incondicional que siempre me brindó ahora que tengo mis propios nietos.

Gracias abuelita, guardo de ti y de mi abuelo los más lindos recuerdos. Se que trabajaste duro en la vida y que lo hiciste con amor. Un día cuando llegue la hora del rapto te reunirás con tu mamá que tanta falta te hizo.

Mis nietos me llaman abuela tal como te llamaba yo con amor. Hoy me parece sentir el olor a comino salir de la cocina de madera que tanto me recuerda a mi abuela Monina mientras preparo mi propia cena.

NUESTRO PEQUEÑ0

“Nada dura para siempre” , decimos a menudo cuando estamos bajo estrés. Me alegro de que sea cierto incluso cuando la frase suena como un cliché.

¿Habrías imaginado que la difícil situación se convertiría en una bendición cuando las lágrimas cubrieron tus ojos y estuviste a punto de perder la razón?

Pensamientos de confusión, sentimientos de tristeza y profunda depresión sustituyeron a la celebración. Ya era doloroso; no era necesario avivar las llamas. Se hizo casi insoportable.

Noches de dolor y muchas oraciones nos dieron la esperanza de un resultado victorioso. Un alma tierna abre los ojos al sol por primera vez, pero era demasiado fuerte su esplendor.

Me alegro de que hoy seas fuerte, tu rostro ahora está cubierto por una sonrisa ya no hay señales de dolor. Alabo a Dios porque la frase no es solo un cliché sino que este año se se convirtió en nuestra realidad.

Pronto celebraremos el día en que viniste a este mundo para completar nuestra familia. Te quiero más cada día. Te pareces a tu padre y a tu abuelo cuando tenían tu edad, aunque tu pelo es rojizo. Sigue creciendo sano, pequeño, lo mejor de ti está por venir.

Vigilaremos cada paso que des y te cubriremos con un manto de amor y oraciones que durarán para la eternidad. Te queremos con todo nuestro corazón.

Eres una prueba de que las promesas de Dios son sí y amén. El Señor convierte nuestra tristeza en danza y nuestra prueba en triunfo.